LA SOLEDAD DEL DIRECTIVO O PROPIETARIO

¿Por qué en muchos momentos críticos las personas que deciden en las empresas no tienen otros puntos de vista?

Solos ante el peligro

En nuestro trabajo con ejecutivos, profesionales o propietarios de empresas nos encontramos con este problema. Muchas de las consultas a Diálogo Directo,S.L.no se deben a un desconocimiento de los clientes o el sector. El problema es la falta de alternativas. No hay otra opción que la del máximo decisor. 

Es habitual indicar la falta de implicación del personal en la empresa para la cual trabajan. 

La comodidad del anonimato

La mayoría de las personas desean más la seguridad que la libertad para plantear una alternativa. Todos tenemos una opinión pero muy pocos la hacen pública.

¿Qué gano, qué pierdo?

Todos somos egoístas y nos gusta ganar. ¿A quién le gusta perder?. 

Si mi alternativa sale mal ¿qué pierdo?. En principio prestigio. Y si son varias veces seguidas, te ponen al final del pasillo. 

Si nuestra elección es favorable, es posible que tengamos algún reconocimiento. Si acertamos varias veces,puede que tengamos un ascenso. 

Pesa mucho más el miedo a perder que la posibilidad de ganar. 

Las personas con amor por el riesgo

A todos los propietarios les gusta el riesgo. Les va la marcha. Entre los empleados existe una raquítica minoría que dicen lo que sienten. Lo ideal es tener a alguien que haga de Pepito Grillo. El problema es que son muy cansados y le tocan también  las narices al jefe cuando menos le apetece. 

Es difícil mantener el equilibrio

Los directivos se quejan de falta de implicación del personal. Hemos visto que la recompensa – riesgo no es positiva. Por otro lado, a la clase dirigente sólo le interesa las opiniones en ciertos momentos. No en todos. 

La pura verdad

En un estudio de la revista Forbes  le preguntaban a los directivos de las grandes compañías, si sabían que sus empleados le hacían “la pelota”. La respuesta fue positiva. La segunda pregunta era que si les gustaba esta acción. La inmensa mayoría sentían satisfacción. Está claro, preferimos la adulación a la verdad.