Lanzar un negocio es como prender un fuego. Al principio nos cuesta que prenda. Las ramas están húmedas a verdes. La cerilla se apaga varias veces. Ponemos pequeños palitos, cada vez más finos y más secos para conseguir propagar la llama. Si persistimos tendremos inicialmente tendremos un frágil hilo de fuego. No sabemos si volverá a desaparecer. Poco a poco coge fuerza y arranca el fuego. Va tomando fuerza, creando una verdadera fogata. A partir de cierto momento sólo tendremos que ir incorporando nuevos troncos de forma periódica. Todo lo que le eches arde en instantes.

De cero al hipercrecimiento

El inicio de una empresa es titubeante, Los clientes no aparecen, dudamos de las ofertas y el dinero escasea. En un determinado momento no sabemos por donde nos vienen los pedidos pero hemos despegado. Debemos prepararnos para ese momento. No comenzar a buscar ramas y palos cuando el fuego se ha disparado.

Empezar con pequeños trabajos

Tendremos que comenzar con pequeños trabajos para ir poco a poco creciendo. NO podemos intentar abarcar más de nuestra capacidad de desarrollo. Igual que no podemos prender un tronco de encina, no podemos dar un buena servicio a una gran empresa. Por dos motivos, por capacidad y por riesgo. No es la primera empresa que desaparece por correr demasiados riesgos. Qué pasaría si tu pedido de 100.000 euros te retrasan el pago 6 meses.

Innovación continua

Debemos incorporar continuamente nuevas propuestas para ir creciendo. La propuesta inicial debe ser acompañada rápidamente por otras soluciones interesantes.